Adiós Verano

vacacionesEste verano ha sido súper especial. Aunque no me he tomado un mojito viendo la puesta de sol. Ni un gin-tonic. No ha ocurrido nada de eso, no veis que no hay testimonio en Facebook… Tampoco he terminado ningún triatlón. Bueno, de hecho ni lo he empezado. Ni me he entrenado para ello, vamos. No me he comprado unas deportivas nuevas, ni un vestido de rayas blancas y azules y tacones de corcho. No me he puesto mechas, aunque he de admitir que sí me he pintado las uñas de los pies de colores fluor, como rezaba la Cosmopolitan. Tampoco he tenido una noche loca, ay, besar tu boca entre la cerveza y el tequila y tu boca con la mía (y menos mal, porque vaya pestazo de aliento). Tampoco me he torrado al sol con mis amigas viboreando sobre otras mujeres con una Mahou en la mano. No he viajado a ningún lugar exótico. Por no viajar, ni a Benidorm me he ido, oigan. Sin embargo, por muchas razones, este verano ha sido inolvidable…

Por ejemplo, mi operación bikini, inexistente en años anteriores, este 2014 ha consistido en engordar. Mucho. Más de lo que jamás imaginé. Hasta rondar el peso equivalente a un señor de 40 años gordo, peludo y calvo. Así me imagino yo encima de la báscula según veo subir la agujita. ¡Y me sigue sirviendo el bikini! ¡Y no me queda mal! Mi conclusión: La operación bikini es algo completamente personal. Apuesto a que hay gente cuya operación bikini es en noviembre y consiste en hincharse a sandwiches de jamón y queso. ¡Minipunto para la libertad de expresión (e interpretación)!

imagesLlegado este punto os preguntaréis cómo he hecho para engordar de esta manera. Seguro que estáis pensando que he comido como si Nestlé y Panrico fueran a cerrar mañana. Y os equivocáis. Porque he comido más fruta en los últimos 6 meses que en los últimos 6 años. Aproximadamente el triple. Sin exageraciones. Manzanas, peras, plátanos, papaya, mango, sandía, cerezas, melocotones y nectarinas… Asombroso. Si me lo dicen el verano pasado no me lo creo. Y esos zumitos frescos en los bares de La Gomera. Por menos de 3€. Mmmmm. Pasen y beban. Simplemente, no hay palabras.

 

Obviamente, mi nuevo estado físico no ha pasado desapercibido a la gente, que ha empezado a llamarme “gordi”, así, en toda la cara. Y yo les he dejado, ojo. Sin ofenderme. Incluso me ha hecho gracia. Me acuerdo de Gordi el de Los Goonies. Y de Slot. Y me imagino a mí misma comiendo chocolate y con los mofletes hinchados y sonrosados, la cara toda manchada de migas y alguien frotándome el flequillo. Felicidad, vamos. Y la gente ha sido en general tan amable y amorosa… Claro, los gordis inspiramos ternura.

Otra cosa muy guay es que este verano, en La Gomera, no ha hecho calor. Este verano ha estado fenomenal. Vale, no habré salido de vacaciones a ningún sitio chulo y molón donde hacer quinientas fotos y colgarlas en redes sociales, pero qué demonios, he pasado mis vacaciones en un destino vacacional alucinante. Y sin gastar un chavo. No está mal, ¿no? (Aquí el que no se consuela es porque no quiere y además es un pesimista). Hemos ido a nadar a la playa, que está per-fec-ta, de paseito aquí y allá, nos hemos deleitado con el cuidado (aunque asilvestrado) y frugal jardín y hemos disfrutado de la casita, que hemos deconstruido y redecorado hasta el infinito y más allá… (Gracias a Telepedidos Ikea y otras marcas que no mencionaré, ahora estoy tratando mi adicción a las compras online y gestionando varias deudas millonarias con un par de entidades financieras). En general, muy paz y amor todo.

balooSin embargo, a pesar de aparentar una vida tan Malibú y de ser esto un paraíso de tranquilidad, el verano no ha estado exento de emociones, incluyendo varias auditorías en el trabajo e incluso un accidente de coche. ¿Que cómo pueden chocar dos vehículos en La Gomera? Una isla que carece de semáforos, sin autopistas ni prácticamente incorporaciones… Pues… no sé, pero lo he hecho posible. Y ¿por qué chocar con cualquiera de las cafeteras / lavadoras con ruedas que circulan por estas carreteras de dios, pudiendo colisionar con el único coche de gama alta que ha circulado en La Gomera en los últimos 2.000 años? Dejaré los detalles a imaginación de cada uno…

En definitiva, con sus altos y sus bajos, sus risas, sus canciones, sus siestas de hamaca o mañanas agitadas en el trabajo, este verano ha sido inolvidable. Pronto hay luna llena, pronto hay cambio de estación. Se respira un aire nuevo, limpio, suave, una brisa que acaricia la nuca y los labios, que se desliza entre los dedos. Huele fresco, dulce. ¡Adiós verano! Fue bonito mientras duró. Y lo hemos disfrutado. Gracias al verano y, una vez más, gracias a la vida, que tanto nos está dando…

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Oh, l’amour!

Hace más de cuatro meses que no escribo en Píldoras Volcánicas y no será por falta de cosas que contar y compartir. Que conste. Supongo que se debe más a la falta de tiempo para sentarme a reflexionar delante de una pantalla. Por otro lado, en enero empecé una suerte de “diario” en un cuadernito que me regaló mi madrina el día que nos despedimos, antes de que viniera a La Gomera. Me gusta. Siempre he sido muy de lápiz y papel. O boli y papel. Parece que una escribe cosas más importantes, aunque no se compartan ni viralicen. Una se siente más humana, con los sentimientos a flor de piel. Hoy vamos a hacer una excepción.

Hoy me apetece escribir sobre amor. Oh, l’amour! Amor de madre. Amor de hija, de hijo. Amistad. Amor conyugal. Qué fuerte suena eso. Suena a psicoanalista. Yo no sé bien cómo es el amor fraternal, pero seguro que también es algo muy especial. ¿El amor nace o se hace? ¿Todos queremos amor? ¿Que si quiero o que si tengo? La respuesta en general siempre debe ser sí, porque, como decía mi abuela, si dices siempre “no” al final no te vas a casar nunca. Aunque total ¿pa qué te vas a querer casar? Bueno, si tienes que arreglar los papeles, todavía, pero si no…

¿Y cómo sé si es amor? Pues porque se te parará la respiración al pensar en esa persona, porque la amas. ¡Pero eso no es amor, es asma! Bueno, pues será porque asmas a esa persona. (Esta tenía que colarla en algún momento, me encanta por su simpleza). Sabrás que es amor porque quieres que esa persona esté bien, que sea feliz. Querrás cuidar de ella y te hará feliz verla sonreír. Yo creo que eso es amor. Lo demás sobra.

Una vez me puse enferma. Con vómitos y diarrea. Yaron me preparó una cena para que me recuperara. Huevos fritos con patatas. Cuando me puso el plato delante me dieron ganas de llorar. “¿Pero qué quieres, matarme?” le pregunté con los ojos llenos de lágrimas. “Es una de tus comidas favoritas. Cómetela que te va a sentar bien”. Y me obligó a comerme todo el plato. ¿Eso es amor? Pues seguro que hay quien lo pone en duda. Y es comprensible. Sin embargo, preparar ese plato fue indudablemente un gesto de amor. Y por eso no me sentó mal. ¡Me ayudó! (No intenten esto en sus casas).

Amor es no reprocharse nada. Al menos hasta que el otro empiece. Es bajar la tapa del water. [Por si no lo sabéis, al tirar de la cisterna de volatilizan millones de partículas de excrementos que aterrizan, entre otros lugares, en los cepillos de dientes y toallas. Así que bajad la tapa del water, aunque no sea por amor. Hacedlo por higiene, coño]. Amor es salir a su encuentro con una sonrisa y abrazarse. ¡Un abrazo es un gesto tan hermoso! No me canso de abrazar. Amor es sorprender con pequeños gestos. Amor es frotar las manchas incrustadas en su ropa antes de meterla en la lavadora. Pintarle un retrato.

El amor se alimenta de las miradas, las manos, las sonrisas y las palabras.

Me encantan los libros de “Amor es…”. Mi madre tenía varios. Siempre que me enfado con alguien que quiero me acuerdo del dibujito de: “Amor es no irse nunca a dormir enfadados“. Pero eso es relativo. Depende del cabreo que tengas. Yo ha habido veces que me he vuelto un poco antisemita. Lo cual pasa ya de una discusión de pareja tonta a cierto grado de xenofobia. Es terrible, lo sé, pero no lo puedo evitar. Menos mal que Yaron lo entiende. O igual no lo entiende, pero se ríe, lo cual me alivia bastante. Yaron se ríe siempre. Bueno, menos cuando se cabrea. Porque tiene muy mala leche. Pero yo le quiero. Amor es paciencia, es perdonarse y perdonar, es soñar y hablar en futuro. Ahí hay vida. Hay amor.

Y bueno… Tanto divagar y al final no cuento nada. Una simple reflexión en alto. Sobre el amor. Qué tontería. Solo espero que, al menos, a partir de ahora bajéis la tapa del water. Y que compartáis vuestro amor con valentía y generosidad, como si fuera lo más importante.

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Blanca Navidad, Dulce Navidad

Historia basada en hechos reales. AVISO: El siguiente relato podría herir la sensibilidad de los lectores más tradicionales.

Oh, blanca Navidad, dulce Navidad. La Navidad. Días que brillan con una luz muy especial, entre dorada y blanquecina, como de muerto. Reuniones familiares en torno a una mesa decorada de purpurina en la que la mitad de la comida acabará en un Tupper y recalentada. Villancicos. El cuñado de los chistes. La lotería. Risas. La tía gritona. Cortilandia. El primo adolescente. Bailes. Los mazapanes. El abuelo borrachín. Y el anuncio de Campofrío, claro que sí.

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Pues para mí el domingo pasó como un domingo más, pero con dos patitos. Sin tele. Sin noticias de Gurb. Ni de Antena 3. A 200 metros sobre el mar con una vista que te caes de culo, con el Teide de fondo, con su pico nevado, que parecía sacado de una caja de Toblerone. Y en tirantes. Por la tarde subimos a ver la actuación de Navidad de los niños… No los de San Ildefonso. ¿Sorteo de Navidad? Me enteré al día siguiente, cuando llegué al trabajo, porque a uno de los cocineros le había tocado el segundo premio… que si no igual hoy seguiría ajena al acontecimiento.

La tarde de Nochebuena salí de trabajar a las 18:00h. Hicimos un par de tortillas de patatas, agarramos una botella de cava y pusimos rumbo a casa de mi “cuñada”. De camino, entre curva y curva, le dije a Yaron que me daba pena no estar con mis padres esa noche, con mi “familia”. Mi primera Nochebuena lejos de “casa”. Él me miró y frunció los labios con ternura. “Ya… Siento que no puedas ir esta noche a la Puerta del Sol”. Pestañeé dos veces con incredulidad, aparté mis ojos de los suyos y volví a mirar a la carretera. Nos quedamos en silencio un rato. Pensativos. “Ehm. Bueno, pues por lo menos vamos a cantar unos villancicos”. Y él me sonrió y se arrancó a cantar… “Abuelito dime tú”, mientras me sonreía con entusiasmo. Fruncí el ceño. Miré de nuevo a la carretera y le cogí la mano. Mejor estamos calladitos.

La cena fue bien. Mi “cuñada” es muy maternal y preparó una tarde-noche divertida a la que se sumaron buenos amigos. Comimos lo justo, tomamos dulces, buen vino y bailamos. Los tradicionales villancicos de Mariah Carey que solían hacer eco en el salón de casa de mis padres, en Madrid, fueron sustituidos por Michael Buble. En bucle. Y temas dance del momento. A media noche mi “cuñada” sugirió ir a Misa del Gallo. Uy. Mejor nos vamos a casa, que mañana tengo que trabajar. Mua, mua. ¡Hasta mañana! Gracias. ¡Feliz Noche!Image

El 25 por la mañana a las 08:59h, como un reloj suizo, ponía el culo en mi silla, frente al ordenador, en la oficina. Podrán decir que apuro, pero nunca que llego tarde. Hoy no iba a ser menos. Y efectivamente, hoy no ha sido un día muy tradicional, ni siquiera algo especial. Tras escuchar bastantes gruñidos, enfrentarme a no pocas caras largas y ser partícipe de la desmotivación y languidez general, he bajado a almorzar. Paella. Uf. Casi me quedo con la paella del año pasado en Tenerife, cuando esperaba que saliera el barco a las 16:00h, porque los vuelos se habían cancelado ese día (sí, Navidad) por viento. Al menos el año pasado pude ahogar la pena en cerveza. Pero este año no: Paella, agua del grifo y unas patatas gratinadas en cemento armado que parecía bechamel. Vaso de duralex. Servilleta de papel. Y para colmo ni un postre, ni tan siquiera unos polvorones o un trocito de turrón. No había visto algo tan dramático desde la Última Cena.

Cuando he vuelto a mi silla debía de tener la cara como el payaso que no usa Micolor. Sí. Menos mal que Christina, mi compañera, me ha invitado a un Hanuta. Por fin un toque dulce de felicidad. Mi ánimo ha seguido in crescendo al empezar a recibir videos de mi mamá, mamaíta, en los que mi familia me saludaba efusivamente. Incluida la hija de mi prima, de 9 años, a la cual vi por última vez en los 90, aproximadamente. Pero ¿qué queréis que os diga? La sangre tira y yo a mi familia la quiero. A todos. Con todas sus imperfecciones, porque ninguna familia es perfecta y la mía es maravillosa.

Sin embargo, lo que realmente ha salvado el día de Navidad ha sido algo que he encontrado en el coche a la salida del trabajo. Una carta. Con un corazón dibujado y unos versos escritos dentro. Una canción preciosa… No es un villancico. Y quizás necesita una revisión ortográfica, pero eso hoy me da igual. Es un gesto inmenso y hermoso, un gesto de amor que me ha llenado de paz y me ha hecho sonreír. Me ha emocionado. Y de eso va la Navidad, supongo, de amarse y ser generosos.

Porque no hace falta emborracharse, ni ponerse morado, ni tampoco comprar regalos caros. Lo realmente importante, y no solo en Navidad, sino todo el año, es contagiarse de amor y felicidad. Compartir tiempo y cariño. Por eso, después de unos días de “fiesta” bastante atípicos y algo rancios, creo que por fin estoy preparada para compartir, de corazón, un: ¡FELIZ NAVIDAD!

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Mi Pou :)

Mi Pou :)

Os presento a “Elitai” y a sus 20 caquitas…

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Se ha escrito un crimen

Se ha escrito un crimen. Y no me estoy refiriendo a que me hayan robado el corazón. NO. Que también. Pero bueno, el caso es que no hay que lamentar víctimas mortales (por el momento), pero aviso a mis queridos lectores de que la siguiente historia, basada en hechos reales, puede ayudarles a perder la fe en la humanidad, aunque se echen algunas risas por medio.

El tenebroso relato comienza un soleado día de primavera en La Gomera…

Domingo, 9 Junio

Aparentemente, nada nuevo bajo el sol (literalmente). El Sr. Pepiten de los Paloten llega al hotel, como un cliente más, pasando completamente desapercibido (o casi) entre las decenas de parejas de pelo cano, a pesar de tener 24 años, ir solo y llevar el pelo amarillo pollo.

Vale, ahí deberíamos haber empezado a sospechar algo, es posible.

Lunes, 10 Junio

El Sr. de los Paloten se dirigeSe-ha-escrito-un-crimen--4-temporada-9075-E1 a la oficina de Mara Maravillas a media mañana, mostrando gran interés en comprar una de las villas de lujo de la empresa.  A las 15h Pepiten sube con Mara y tras visitar una de las viviendas asegura haberse “enamorado” e insiste en bajar a la oficina para firmar el contrato de compra-venta esa misma tarde. Habla con su madre por teléfono y le cuenta exaltadísimo lo mucho que le gusta esa villa y no deja de repetir que por fin ha encontrado la casa de sus sueños. Aquí comienza el delirio. Pepiten afirma que su padre vendrá el sábado con un maletín con el dinero en efectivo (solo medio millón de Euros) para dejarlo todo cerrado cuanto antes. Vale, algo empieza a atufar, así que Mara, para no pillarse los dedos, le cita al día siguiente para tratar el tema (algo delicado) con la Directora de Ventas.

Martes, 11 Junio

El Sr. de los Paloten se reúne con Mara y la Directora de Ventas, confirmando su interés en adquirir la villa. Asegura haber hablado con su notario para resolver algunas dudas. Los tres suben de nuevo a la vivienda y contactan a una importante decoradora para fijar una cita con ella el jueves y así comenzar a trabajar en un proyecto de decoración para la villa.

Jueves, 13 Junio

La decoradora acude a La Gomera para hablar con el cliente y comenzar a plantear el proyecto de interiorismo. A las 11h el Sr. de los Paloten aparece en la oficina con unos “amigos”, los Sres. Puturrudefuá, también clientes del hotel, para subir a ver la villa en la que él está interesado y otras viviendas, ya que los “amigos” también están interesados en comprar una villa de lujo.

Una vez arriba, tras visitar la villa del Sr. de los Paloten, proceden a ver otra de las propiedades. Pepiten manifiesta también gran interés en adquirir esa villa y ofrece comprar ambas por 1.000.000€ (estamos que lo tiramos). En este punto de la historia Mara ya está tan flipada que no puede dar crédito y se resigna a dejar fluir los acontecimientos, con gran incredulidad: Las dos viviendas más feas de la urbanización se las iba a quitar de encima de un plumazo. Demasiado bonito para ser verdad, pero vale, los milagros también existen.

Efectivamente, se llega a un acuerdo de compra-venta de ambas propiedades y Pepiten entonces pasa a reservar junior suites para 15 de sus “mejores amigos”, que dice vendrán a celebrar con él la compra de las viviendas el 1 de julio… ¿Tantos amigos y va de vacaciones solo? ¿Tantos amigos y solo 90 en Facebook? Mara ya había empezado a investigar.

Sábado, 15 Junio

Segundo día libre de Mara y día anterior a la salida del Sr. de los Paloten. El cliente acude a la oficina de RRPP solicitando un vehículo de la empresa para subir (¿Otra vez? Qué pesadilla…) a la villa . Al no encontrarse Mara en el hotel, la responsable de RRPP ese día le informa de que eso no será posible. De puente a puente y tiro porque me lleva la corriente, Pepiten informa entonces de la misteriosa desaparición de su cartera con tooodas las tarjetas de crédito y tooodo su dinero en efectivo. ¿Coincidencia? No lo creo. Pero como algunas personas todavía creemos en la bondad del ser humano, alguien acompaña a Pepiten a la Guardia Civil para realizar la denuncia pertinente.

Y, claro, El Sr. de los Paloten se encuentra a menos de 24h de abandonar la isla sin un chavo encima. Además ¡qué casualidad! sus padres se encuentran volando hacia Nueva Zelanda (JAJAJAJAJAJA, joder, qué ingenuos somos)  y  no tiene manera de pagar su factura. Por lo tanto, además de dejar su factura abierta, se le entregan 130€ en efectivo para gastos de viaje (además de ingenuos, un poco tontos también somos), a la espera de que llegue a la cuenta bancaria del hotel la transferencia online de la cual entrega justificante por escrito.

Crucemos los dedos por que sea una persona honrada. POR DIOS.

Domingo, 16 Junio

El Sr. de los Paloten abandona el hotel. La Directora de Ventas, entre buena persona y ambiciosa profesional, le acompaña al aeropuerto y le asiste hasta que sale su vuelo. No sin antes acceder a darle otros 100€ de su bolsillo.

Martes, 18 Junio

La transferencia no ha llegado todavía a la cuenta del hotel y a Mara se le están hinchando las pelotinguis. Sin embargo, para su tranquilidad, Pepiten le envía un email confirmando su llegada sano y salvo a Berlín e indicando su NIE para redactar el contrato de compra-venta de las villas.

Por otro lado, una compañera informa a Mara de que cree que el Sr. de los Paloten se llevó la llave de la villa, ya que anduvo por la Recepción con unas llaves similares a las de las viviendas de lujo de la empresa. Mara confirma que tras entregar la llave a la decoradora, ella no se le devolvió y la llave no aparece por ningún sitio. GENIAL. El tío se ha llevado la llave. Marronazo al canto. Vamos a rezar por que efectivamente vuelva el día 1 de julio y todo quede en un sustito.

Minutos más tarde, la compañera de Maravillas recibe una extraña llamada. Antes de colgar, un pensamiento cruza su mente como un rayo: “Voy a contar esto y nadie me va a creer. Mejor le paso la llamada a Mara”…

– Dirección, buenas tardes.

– Buenas tardes, le llamo de Guardian Enterprise, somos una empresa de “business contacts” de Berlín y quería confirmar que la información que tenemos en nuestra base de datos es correcta. ¿Podría decirme el nombre del Director del hotel?

– ¿Sería tan amable de decirme el nombre que consta en su base de datos?

– Pepiten de los Paloten.

– (Uy, qué paranoia, le he entendido Pepiten de los Paloten). No, no, por favor, tome nota, el Director del hotel es José Pérez… (Ya por descartar que se estuviera volviendo loca:) De todos modos, ¿qué nombre me ha dicho que le consta?

– Pepiten de los Paloten.

– (Mientras toma nota del número de teléfono que aparece en pantalla) ¿De qué empresa me ha dicho que me está llamando?

– Guardian Enterprise… pero somos una empresa muy nueva. No nos va a encontrar en Internet.

– (Al borde del infarto. ¿Qué clase de broma es esta?) Muy bien, pues un placer. Adiós.

Abrir Google y meter el número con prefijo de Alemania fue cuestión de 10-15 segundos. “Happy Hippo Hostel”. WTF??? ¿Qué coño es esto? “Voy a llamar”

– Buenas tardes.images

– Buenas tardes. ¿Estoy hablando con Happy Hippo Hostel?

– Sí.

– Quisiera hablar con un cliente que está alojado con ustedes. Se llama Pepiten de los Paloten.

– Pues el señor no se encuentra. Ha salido.

La mandíbula más descolgada del universo era la de Mara tras escuchar lo imprevisible. O bueno, quizás no era tan imprevisible, pero joder, ¡¡¡qué paranoia!!!

Mara entró en el despacho del Director derrapando subida a sus tacones de 15cm, con cara de haber visto al fantasma de Sara Montiel. O peor. No sé. El Director no dejaba de repetir “¡¡¡Tranquilícese, Sra. Maravillas, por favor, tranquilícese!!!” Mara no dejaba de repetir “¡¡¡Es un jodido psicópata, es un jodido trastornado!!! ¿¿¿Qué quiere de nosotros???” dándose cabezazos contra la pared.

Miércoles, 19 Junio

La transferencia seguía sin llegar, así que en un alarde de ingenio Sherlockholmesiano, Mara prosiguió su googlinvestigación. Pepiten tenía una web. En la que publicaba un poema a su madre muerta. Dios. ¿Pero qué clase de monstruo es este tío? ¡¡Si habló con ella por teléfono!!

Mara decide entonces contactar con el banco desde el cual el Sr. de los Paloten supuestamente había la transferencia. Una señorita muy amable y educada le confirma que:

1. No existe ese número de cuenta

2. Tampoco existe ese número de cliente

3. Lo lamento, pero tampoco hay ningún cliente con ese nombre

4. Ni con esa dirección

Efectivamente, la Guardia Civil confirma que el NIE que ha enviado tampoco existe. ¿Tongo? Nooo, vamos, vamos a darle la última oportunidad. Eso sobre todo lo pensaba la Directora de Ventas, más que nada por no perder credibilidad y 100 pavets.

Mara, apoyada (o más bien obligada) por el Director del hotel a llamar al Happy Hippo Hostel de nuevo, espera hasta 6 tonos…

– Happy Hippo Hostel, buenas tardes.

– Buenas tardes. Quiero hablar con el Sr. Pepiten de los Paloten, por favor.

– … ¿Usted me llama de Tenerife, verdad?

– Sí.

– Hummm. Yo le llamé ayer. Lo siento, quería comprobar si todo lo que nos estaba contando era cierto. Y no. Al Sr. de los Paloten se lo llevó anoche la policía.

El pobre recepcionista comenzó entonces el terrible relato: El Sr. de los Paloten les había asegurado en Happy Hippo que él era el nuevo Director del hotel donde trabaja Mara y había ofrecido contratos de trabajo falsos a varios recepcionistas del hostal, solicitando la entrega de dinero en efectivo a cuenta, a cambio de las llaves de la famosa villa, que ofrecía como alojamiento a los pobres chicos. Además, le habían cazado usando tarjetas de crédito de otros huéspedes y comprando varios vuepeter-falk-colombolos con Air Berlin.

Mara, ojiplática, anonadada y sin dar crédito a todo lo que estaba escuchando, no dejaba de repetir “Oh mein Gott. Unglaublich. Unglaublich“, mientras el Director reía nerviosamente, dando vueltas por el despacho, golpeando la palma de una mano con el puño de la otra y murmurando “Hijo puta, yo no viví 8 años en México para nada” y la Jefa de Recepción hacía gestos a Mara para que cerrara la boca.

Pepiten había mentido, había hecho una denuncia falsa, suplantado el puesto de otra persona, falsificado contratos de trabajo, incluso sellado los papeles con los cuños que hay sobre la mesa de RRPP, robado las llaves de una propiedad privada, timado a cuantas personas se le habían puesto a tiro y lo peor de todo: Había jugado con la buena voluntad de demasiadas personas, malgastado su tiempo, su energía y haciéndoles sentir miserables.

Pepiten, ojalá te pudras en el trullo y te rapen esos cuatro pelos mal teñidos. ¡Capullo!

FIN

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