Érase una vez…

Érase una vez una chica de Madrid que fue a trabajar a un hotel en La Gomera. Un día, mientras estaba de prácticas en la Recepción, llegó un señor para hacer el check-out y la chica le presentó sus facturas: Una por la Media Pensión contratada, otra por los servicios adicionales. El cliente protestó: “Pero yo di mi tarjeta de crédito al hacer la reserva”. La chica contestó: “Sí señor, pero eso es solo como garantía, no se le ha efectuado ningún cargo. Solo si no hubiera venido sin avisar se le hubiera cargado una comisión”. Después de un rato de aclaraciones, finalmente el señor se fue, no muy convencido con la explicación, habiendo abonado ambas facturas.

Al cabo de unos minutos, el señor regresó a la recepción y habló con un compañero de la chica. Pocos segundos después le pasaron el teléfono a nuestra protagonista: “Es para ti”. Ella contestó muy educadamente, pero la hija de aquel señor, una mujer muy malvada, estaba al otro lado de la linea y le vomitó palabras y gritos muy, muy feos que no reproduciremos para no herir la sensibilidad de los más pequeños. Eran palabras cargadas de ira y crueldad que hicieron temblar a la joven. La bruja gritaba y protestaba porque la estancia en el hotel había sido un regalo a su padre y ya estaba cargado todo en su tarjeta. Éramos unos estafadores y le habíamos arruinado su regalo. A todo esto, su padre no había dicho ni mu al respecto. Nadie daba creditito.

Al día siguiente se concluyó que había habido un error informático a la hora de introducir la reserva y aparecía como factura pendiente de cobro. La mujer malvada mareó a todo el personal durante días y finalmente acudió a Turismo para poner una reclamación. En compensación, la buena gente del hotel se ofreció a alojarla un fin de semana con toda su familia, gratis. Sí, amiguitos, por la pati. Esto era muy injusto. La gente mala no merece que le pasen cosas buenas.

Algunas semanas después, por fin llegó la mañana en que la fea bruja se alojaría en el hotel y a todos allí se les revolvió la tripa. Los directores no estarían ese día y la encargada de recibir a la malvada mujer era la muchacha, que ahora ocupaba el puesto de Relaciones Públicas. Ella solo quería arrancarle el corazón a la cruel señora y comérselo con mojo y papas arrugás, pero tendría que reprimir su instinto, contar hasta tres y forzar una de sus mejores sonrisas…

A medio día, la chica salió a Recepción para preguntar por la hora de llegada de la bruja. Allí le informaron de que finalmente la señora había cancelado su estancia por enfermedad.

¿Qué podemos aprender de esta historia, niños? Que la vida es un espejo y lo que das, la vida te lo devuelve. Si eres malo y te portas mal, te acabarán pasando cosas malas. Por eso, intentad ser buenos y generosos para atraer la mejor energía y a las personas más maravillosas a vuestro lado.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Anda y que le den a la mala pécora esa. Y que arda en los infiernos.

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Categories: Personas y personajes, Soy una pro | Tags: , , | Leave a comment

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