Una de anécdotas varias

Cuando Christina libra, el día se pasa volado. Y eso que ahora apenas vienen clientes repetidores. No puedo imaginarme cómo será el invierno, que es temporada alta. Pero a pesar de andar siempre corriendo de un sitio a otro, estoy muy, muy contenta con mi trabajo. ¡Sentirse útil y valorada es muy importante!

Ayer tuve dos “Tour of the House”, uno a primera hora de la mañana y otro a las 17h. En la visita de la mañana, íbamos bajando hacia el ascensor de la playa cuando de pronto me gritó Andrés, el botones, que pasaba por allí: “Maraaa, miraaa, delfines”. Al girarme, vi un grupo de 5 ó 6 delfines nadando y jugando muy cerquita de la orilla. Fue espectacular. Entre todos los huéspedes que estaban desayunando en la terraza empezaron a escucharse “ahs” y “ohs”. Yo les solté a los señores a los que estaba haciendo la visita: “Bueno, esto lo teníamos contratado, para amenizar la visita”, pero dio igual todo el humor que intenté echarle, porque el señor casi se me muere asfixiado. Y bueno, la verdad es que hacía calor, pero tanto como para decirme: “Mira, la suite mejor ya me cuentas cómo es, no hace falta que vayamos”… Ay, que igual estoy más en forma de lo que creo. Jijiji.

Hoy ha venido un hippie de Valle Gran Rey porque mis clientes favoritos (los de una de las suites, que ella es medallista olímpica de natación) me habían pedido encargarle unas botellitas de Aloe Vera ecológico y el tío me ha regalado una de loción corporal con almendras y me ha dejado casi gratis otra botella para mí. La próxima vez que vaya a Valle Gran Rey iré a visitarle y también me pasaré por la huerta ecológica que hay allí, con más de 160 variedades de verduras, que por lo visto puedes cogerlas de la mata y pagarlas al peso, rollo anuncio de Alvalle.

Por la tarde ha venido una clienta inglesa a contarme lo maravillosa que había sido su excursión en barco por la mañana y a reservar otra para el lunes. Cuando he llamado para hacer la reserva, me ha dicho el dueño que por qué no iba un día a navegar con ellos, para ver cómo funcionaba todo y probar. No voy a rechazar la oferta, eso seguro.

Esta noche mi clienta la nadadora me ha invitado a cenar al Tagoror. Vendrá también Yaron, un artista israelí que ha estado dando clases de pintura a su hijo, Alex, los últimos días. Estoy un poco nerviosa, pero me hace ilusión. Poquito a poco voy haciéndome con las riendas de la vida aquí. Como coja un poco más de confianza ya empiezo un terremoto que nada tendrá que envidiar a los movimientos sísmicos de El Hierro. La que avisa no es traidora…

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