El no tan típico día de playa

Ayer Yaron me invitó a bajar con los niños a la playa. A las 12h llevaba ya rato en su casa pero todavía ni nos habíamos puesto en marcha. De pronto llegó su vecino con las niñas y el perro… Cuatro niños, tres perros, tres adultos, un gato. La situación me sobrepasó y les dije que yo me marchaba. El vecino entonces se despidió tan de repente como había venido y nos quedamos otra vez los dos niños, Yaron y yo.

– Va, comemos algo y bajamos por la tarde.

– Va.

Hicimos hummus, ensalada de arroz y papas fritas. Preparamos todo para ir a la playa y a las 18:30h recogimos a Jakob y a su novia en el Club Laurel y fuimos para la Playa de En Medio. Anduvimos montaña arriba, pasando por Chinguarime y después de unos 25 minutos llegamos a nuestro destino final: unas piscinas naturales al fondo de la tercera playa. Allí Yaron y Jakob fueron a pescar con fusil y Sandra y yo nos quedamos con los niños. Me metí con Ela en el agua con cierto temor, aunque ella nada y bucea muy bien. Al intentar salir nos encontramos con muchísimo oleaje y casi me da un telele intentando sacarla del agua. Uf. al final salí con arañazos y habiendo tragado agua como si me hubiera estado peleando con un calamar gigante en el fondo, por lo menos.

En fin, sobre las 21h los chicos volvieron con 4 ó 5 peces y emprendimos la vuelta a la Playa de En Medio, antes de que cayera la noche. En vez de subir la montaña, que resultaba peligroso porque había luna nueva y no se veía un pimiento, decidimos cruzar por “el agujero”: una suerte de cueva que une las dos playas, que permite pasar de lado a lado cuando la marea está baja. Aha.

¿Indiana Jones? Un marica a nuestro lado. Dios santo. Yo iba cargada con dos bolsas de playa enormes, con los tuppers, toallas, gafas, tubos, juegos y demás bártulos, y Ela quería pasar conmigo. Cruzar el jodido agujero iba a ser bastante más chungo de lo que parecía. Las olas entraban con muchísima fuerza y se estrellaban contra las rocas. Me acojoné. Ella empezó a llorar. Yo pasé como pude, con el agua por encima del ombligo, haciendo equilibrios, la ropa calada y para más inri un paso en falso con el que me hundí y las dos bolsas se me sumergieron en el agua.

Por fin llegué al otro lado, dejé las bolsas en sitio seco y volví para atrás para ver cómo andaban Yaron y los niños. De pronto vi emerger la silueta de él de la cueva, con los dos niños llorando sobre sus hombros y el agua por los codos. Ay, ay, ay.

Una vez recuperado el aliento y superado el mal trago, escurrí mi ropa (sí, era la única pringada que se había vestido) y continuamos caminando hasta el coche. A mí me temblaba todo, de la tensión y del frío. Estaba agotada física y psicológicamente. Llegamos a casa de Yaron y pensé: Me voy a casa a morirme tranquila.

Los niños se bañaron y él no aparecía por el salón, así que me puse una copa de vino y cuando Ela pasó por mi lado camino de su habitación le robé la toalla y me quité la ropa empapada. Me tomé otro vaso de vino y al final me pegué una ducha allí. Cogí prestada una camiseta y unos pantalones y casi sin darnos cuenta nos quedamos hablando del día y la vida hasta las dos. De tragedia a comedia en tan solo un par de horas. INOLVIDABLE.

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Categories: Personas y personajes, Sensaciones | Tags: , , | 1 Comment

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