Alegría contagiosa

La vida en la isla es sencilla, deliciosa. Se saborea despacio porque se deshace entre los dedos y hay que apretarla entre el paladar y la lengua como si fuera un pedacito de mango. La vida aquí se escacha en un inmenso abrazo, con las manos abiertas en una caricia.

Comparto mis días con personas muy diferentes a mí, con perspectivas muy diversas de la vida, que van enriqueciendo la mía. Aquí se vive despacio, pero se coge confianza y cariño deprisa. Y se respira una paz inmensa. Una paz que se me antoja imperturbable, que me llena de energía, me hace flotar y me ilumina…

La otra tarde mi vecina Pepa me invitó a una cervecita en su porche. No deja de sorprenderme con anécdotas sobre su vida, tan rural, tan humilde. También está Iñaki, el dueño de la empresa que organiza las excursiones en barco, que me invitó a cenar hace un par de días y terminé haciendo una tortilla de patatas en su casa, pasando una velada súper agradable. Tengo a Nuria, que siempre me cuida y me aconseja bien, y a Christina, tan tierna y maternal. No importa que estemos trabajando, todos los días compartimos alguna experiencia entrañable. ¡Y todas las “aventuras” compartidas con Yaron! Y los ratitos profundos, a menudo acompañados de música y una copa de vino…

Todo sonríe porque aquí todos sonríen y la alegría se comparte. Es altamente contagiosa.

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Categories: Personas y personajes, Sensaciones | Tags: , , | Leave a comment

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