Los cachorritos de Blanca

Como Yaron se ha ido de vacaciones, esta tarde subí a controlar que los cachorritos de Blanca (su perra) están bien, que todos los bichos de la casa tienen comida (salvo los prakanes, que ya roban suficiente), que las plantas no se secan, que la casa está en orden… Y al llegar allí casi me da un chungo.

Aparqué y salieron a recibirme Blanca y Lulú (la mamá y su hijo de año y pico). Todo bien. Saltitos, besitos, lametazos, sonrisitas… Y cuando levanto el hule para mirar debajo de la pila de maderas donde Blanca parió, veo que solo hay uno de los tres perritos. Lo saco y empieza a llorar. Blanca se pone histérica. Llamo a los otros dos perritos, pero no veo ni oigo nada. Voy hacia la casa, miro alrededor. “¿Dónde están tus hijos, Blanca?”.

Veo que ya se han acabado la comida que les había puesto ayer. Un terrible pensamiento me cruza la mente. Se me encoge el corazón. Saco comida. Blanca y Lulú devoran. Vuelvo a por el perrito y lo saco del entresijo de maderas. Entonces empiezo a oir los gemidos de otro, muy al fondo de la pila de tablas. Blanca llega corriendo y se pone a ladrar y a tratar de entrar por los agujeros que hay, sin éxito.

El cachorro sigue gimiendo y Blanca ladrando nerviosa. Entonces decido que hay que empezar una operación rescate exprés. Después de un rato quitando trozos de madera y tablones, con cuidado para no aplastar a nadie, por fin veo la bolita marrón asomar. Y la otra bolita negra, que había ido avanzando hasta la parte donde estaba Blanca. Los he cogido a los tres y los he llevado a la casetita que Yaron había preparado para la familia. Allí se han quedado en una cajita los tres bebés con Blanca, gimiendo durante un buen rato. ¡Tremendo susto!

Me he sentado junto a la caseta y los he observado. Blanca ha salido y se ha tumbado también a mirarlos, entre mis piernas. Ahí estábamos las dos, compartiendo ese momento de serenidad, de “todo ha ido bien”, menos mal. Ella agradecida, se dejaba acariciar el lomo.

Recuerdo la emoción del sábado, cuando le pregunté a Yaron por Blanca y me dijo: “Vamos a buscarla, igual ya ha parido” y la encontramos con los tres bebés, recién nacidos. Los cachorros todavía no abren los ojitos. Ahora hay dos que están más gorditos, los dos que se habían perdido, y el tercero, negrito, que es más tranquilo y torpón y se está quedando pequeñito. Van creciendo a pasos agigantados. Es emocionante ver la vida nueva crecer, latir con tanta fuerza.

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Categories: Personas y personajes, Sensaciones | Tags: , , | Leave a comment

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