Un rinconcito encantado

En un mes estaré de vuelta por mis Madriles. Por un lado me apetece regresar, por otro… acojona. Aquí es todo tan tranquilo, tan sencillo, tan natural, que me da miedo sentirme Cocodrilo Dundee en la jungla de asfalto, a pesar de ser indígena urbana.

Ayer fuimos a El Cedro, el bosque, el corazón de la isla. Comimos potaje de berros con gofio y garbanzas con carne fiesta. Luego bajamos por el monte hacia Hermigua: el mar y el norte de Tenerife de fondo, junto a un arroyo, entre árboles frondosos, palmeras y lagartos. Al final del camino había una presa. Junto a la presa, uno de los rincones más hermosos que he visto nunca.

Por un recoveco en la montaña discurría una pequeña cascada sobre las rocas, cubiertas de musgo. Junto al caminito había plantas de ñame con hojas de más de medio metro de largo. Al mirar por encima de la última roca sobre la que se deslizaba el agua, se veía más maleza, algunos mosquitos, y el cielo azul detrás, con el sol brillando en una abertura del ramaje. Se podían ver los rayos de luz bañando la maleza y el arco iris en el perímetro de la esfera del sol, fruto del frescor del aire.

Nos quedamos pasmados, disfrutando de aquel espectáculo de colores y sensaciones un buen rato. Yaron se emocionó. Dice que va a hacer un cuadro, que es uno de los rincones más bonitos que ha conocido en la isla. ¡Ese lugar está encantado!

Regresamos por el mismo camino, montaña arriba, y para recuperar fuerzas nos tomamos un helado antes de volver a Playa Santiago. De vuelta decidimos parar en casa de Hannah, la amiga inglesa de Yaron que también  es pintora. Estuvimos con ella, Lee y la niña dibujándonos retratos los unos a los otros, a la luz de las velas, comiendo papas fritas y bebiendo té de su jardín. Después de muchas, muchas risas y gastar la goma de borrar, bajamos a casa de Yaron a cenar: batido de plátano natural, unas magdalenas de Herrera (las mejores del mundo) y otro té. Luego pusimos música y estuvimos bailando, corriendo y saltando por el salón hasta las mil. Ventajas de vivir en mitad del campo, que no hay que pensar en no molestar a nadie.

Hoy Yaron ha empezado a pintar el cuadro del rinconcito encantado. No creo que pueda plasmar, ni con todos los colores del mundo, toda la magia de aquel momento.

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Categories: Personas y personajes, Sensaciones, Typical Gomero | Tags: , , , , | Leave a comment

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