Personas y personajes

Feliz aniversario

Feliz aniversario

Hoy hace un año que comenzó la mayor aventura de mi vida. Hoy, tras participar en un grupo de discusión en el trabajo y leer la evaluación que han hecho sobre mí, me doy cuenta de que aunque hay muchas cosas que hay cambiado, la esencia prevalece. Gracias Paula. ¡Feliz aventura to me! PAZ, AMOR Y EL PLUS EN EL SALÓN

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Planeando las vacaciones

– Vale, los billetes de avión ya nos los ha sacado Fa. Ahora, ¿vamos a alquilar un coche o mejor no, por si acabamos en algún sitio raro y la liamos?

– Tú tranquila, ya veremos…

– No, pero dime para ir mirando opciones…

– Mira, ya veremos, pero si te sientes más segura, nos compramos una pistola.

– ¿Cómoooo? ¿Estás loco? Eso es peligroso.

– ¿Peligroso? ¿En qué sentido?

– ¿¿¿¿????

– Bueno, vale, pues no…

– Mejor, no me asustes.

– No te asustes, yo te protejo 🙂

– Ya, como si tú tuvieras un escudo antimisiles o súper poderes…

– No, pero no va a pasar nada malo si estás conmigo.

– La gente dice que a ver si me matan allí… y entonces, ¿qué pasaría? Tú desde luego te enteras.

– ¿Yo? ¿Qué culpa tengo yo? PERO los palestinos sí que se enteran.

– Bueno, tampoco te pases.

– ¿Que no me pase? ¿Tú qué quieres? ¿Una venganza a medias?

– ¿Vas a entrar a Palestina con un tanque y tirando granadas?

– No sé, no voy a matar inocentes. Llegado el momento ya idearía un plan…

– Vale, entonces ¿miro lo del coche o no?

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Cómo adelgazar 3 Kg en 3 días comiendo 3 Kg de gofio

Rosy y Julio llegaron a La Gomera el miércoles por la tarde y disfrutaron de un intenso primer día en la isla. Hicieron una excursión en barco, vieron delfines y ballenas, comieron gofio y pescado fresco en La Cuevita, disfrutaron de la playa…

Después de tan alegre jornada y de una rica cena en casa, sonaron bombos, platillos, tripas y empezó la gran fiesta. Una tremenda pota en el baño fue el detonante de la muerte en vida del pobre Julio. A las 2 de la mañana Rosy me llamó para ver dónde podía llevar al enfermo, que aparentemente había devuelto ya unas quinientas veces y estaba al borde de la deshidratación.

Tras una interesante visita al centro de salud de Playa Santiago, al día siguiente Julio me advirtió: “Mira Mara, solo te deseo una cosa: Que nunca te pase nada en La Gomera” y entonces Rosy pasó a relatarImageme la terrorífica historia que a continuación os narro:

Vimos un cartel de la Cruz Roja y dedujimos que aquello debía de ser el Centro de Salud. Llamamos y nos abrió un señor en calzoncillos. “¿Qué queréis?” “Uy, nosotros veníamos al Centro de Salud”. Vale, nos habíamos equivocado, era un poco más abajo… Toc toc toc. Y salió el que resultó ser el enfermero, con unas legañas del tamaño de un hamster y los ojos a medio abrir. Nos metió en una de las salas y fue a buscar a la médico, que vino también desempolvándose la bata de sueño. Le conté lo que le pasaba a Julio. Aha, aha. “A ver, la tarjeta sanitaria, por favor. Ehm, pero esta no vale. Ah, espera, que sois EXTRANJEROS. Bueno, es igual. Vamos a tomarle la tensión… Uy, espera, este aparato no funciona, vamos a la otra sala”. Y allí que nos fuimos. Bueno, Julio medio desmayao agarrado a mí y ellos por delante, como si no fuera con ellos. Le tomaron el pulso en la otra sala, le pincharon un Primperán y le dijeron que bebiera Seven Up y galletas de agua. Hum, será Aquarius ¿no? “Lo que sea. Y cuando te encuentres mejor, os marcháis”. Tracatrá. Y se volvieron a acostar.

Entonces Julio dejó de vomitar y empezó a descomer líquido por el otro extremo del aparato digestivo. Así se pasó el día siguiente entero. Con una tremenda flojera y sin ganas de nada, salvo de recordarme permanentemente que debía dejar constancia de esta dramático-cachonda experiencia en los anales del blog. Y aquí estamos…

Su tercer y último día en la isla fue intensivo: Fuimos a caminar por El Cedro, almorzamos potaje de berros y pasamos la tarde en Valle Gran Rey. Después de cenar, Julio delegó el papel protagonista de la tragicomedia a Rosy. El viaje de vuelta a casa fue tremebundo. Si los 45 km de VGR a Playa Santiago ya pueden ser una tortura per se, sin aditivos, no me quiero imaginar, aunque lo viví, cómo fueron para Rosy. Paramos unas 6 veces para que vomitara en la cuneta. Al fin llegó a casa y parece que se le pasó la cosa… a la mitad inferior del cuerpo.

A la mañana siguiente cogieron el primer avión. Y con su estela dejaron en mí también un inolvidable recuerdo de su paso por la isla. Fue un día entretenidísimo entre Imageel baño, el jardín y la cama. Por la noche volvió Yaron a casa y yo no tenía ni fuerzas para levantarme. Aunque para llorarle un poco sí. Al ratito me dijo: “Te he hecho algo de cenar. Ven, come, que te sentará bien”. Yo fui a la cocina con la esperanza de encontrarme un poquito de arroz hervido, un yogur, una tortillita francesa… pero no. Me había hecho huevos fritos con patatas. Yo no daba crédito. Le miré literalmente con lágrimas en los ojos y le pregunté: “¿Pero tú qué quieres, MATARME?”.

PEEERO, al final, como la mayoría de las cosas en la vida, los virus chungos también se curan con tiempo y muuucho amor.

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Empanadilla

Cierro los ojos tratando de encontrar una analogía que describa con precisión mi vuelta a Madrid y llega, de entre las tinieblas de la imaginación, a mi mente, el sketch de las Empanadillas de Móstoles de Martes y Trece. Y no solo porque mis amigos me dicen que he vuelto empanadilla, no. Os cuento…

Mi primera noche en la urbe fui víctima de la invitación “a cenar en casa” de mi amiga Rosy. Mi amiga Rosy tiene un piso muy molongui en Móstoles. Nuevo. Súper cuqui. En Móstoles. Quedamos a las 19:30h. En Móstoles. Así que cogí el coche de mi madre y recé a Jesusito, a Yaveh y todos los dioses del alfabeto hindú por que no hubiera mucho atasco en la M30. 20 minutos después había perdido la fe hasta en el ateísmo. 1 hora 40 minutos después estaba invocando a Satanás, tras pasar por tres peajes y saludar a un señor que me encontré en Griñón. Por fin llegué a casa de Rosy, que gracias al cielo calmó mi estrés con sonrisas, una cervecita fresca y una cena riquísima. Menos mal.

La segunda tarde en Madrid quedé con mi amigo David y mi amiga Fátima. Fuimos a tomar unas copichuelas. Con el primer gin-tonic ya estaba chispá. Con el tercero me empecé a quedar dormida de pie. A la mañana siguiente me sentía como si me hubiera comido un kilo de ostras muertas. Alcoholes destilados nunca mais, que creo que en La Gomera he desarrollado una alergia, o algo.

Mi tercera velada tuvo lugar en el Wagaboo. Menudo acierto. Esto es en serio y no pretende en absoluto ser una ironía. La cena estaba ñam ñam ñam. Además, la compañía era maravillosa: Andoni, mi mejor amigo de la adolescencia, y mis más mejores amigüitas del cole, que se encuentran en plena gestación o en proceso de crianza de sus hijos. Qué obviedad si dijera que aquello parecía más un brainstorming para el próximo número de “Tu bebé” que una reunión de treintañeras locas. Ganas de cortarse las venas con la cucharilla del café en aumento. A las 12 ya estaba tan agotada psicológicamente que me perdía la mitad de las coñas. Que estaba “agomerada” me decían. Ay.

Anoche no fue mucho mejor. Era el cumple de Leo y nos juntamos por La Latina un grupo más majo que las castañuelas. Pero qué horror. Gente por todas partes, gritando como si quisieran que les escucharan en Segovia. ¿Por qué gritaba tanto todo el mundo? Yo estaba medio intentando integrarme, medio intentando acallar las voces de mi cabeza, que gritaban más alto que las del bar y me estaban volviendo loca. Para regresar a casa, una odisea: Esquivar a toda la gente que te invita a meterse en sus garitos o intenta ligar con tu amiga, bajar al metro, esperar, hacer transbordo, salir, caminar, y 45 minutos después, al fin meterse en la cama. Uf.

No sé cómo serán los días que me quedan, pero he de confesar que estoy estresada, que me siento más perdida en mi propia ciudad de lo que nunca pensé que estaría. Aquí están las personas que más quiero, pero el ritmo de la ciudad me agota. Con lo tranquila que estaba yo en Alajeró, con mi playa de En Medio, mis Doradas y mis 22 graditos… Miau.

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¡¡Vamos a morir todos!!

10:04

Vero y Mara salen de Playa de Santiago, rumbo a La Villa, para después subir a almorzar a la playa de La Caleta, en Hermigua.

Mara: Joder, esto parece Transilvania. Qué miedo. No había visto niebla tan densa ni en Letonia. Menos mal que me conozco la carretera y sé dónde están las curvas cerradas y los precipicios… Buf. Como nos piñemos, ya verás… En fin. Uy, la revisión de los frenos. Bueno, a la vuelta de Madrid. Dios, ¿por qué no para de meterse conmigo Vero? Qué tensión. Si total, no pasa nada. Al final todo sale bien. La la laaa…

Vero: Mara es una kamikaze, ha caído el diluvio del milenio, las carreteras son todas, absolutamente todas, una sucesión de curvas y con las lluvias ha habido un montón de desprendimientos, por lo que no sólo hay que sortear un carreterín estrecho, sin arcén, con curvas y vistas a un precipicio sino que encima hay que esquivar pedrolos cada poco. Si esto era poco peligroso, la niebla en la zona alta es absolutamente espesa, no dejando visibilidad más allá de un metro delante nuestra… Pero ¿acaso esto le da miedo a Mara Maravillas? ¿Acaso teme morir en una carretera gomera como su copiloto? Noooo…. Ella lo único que exclama es “Wooow, qué bonito, con la lluvia está todo súper verde, ¡¡Parece Jurasic Park!! ¡¡Si me sale un dinosaurio, ni siquiera me asustaría!!!

14:10

Vero y Mara paran en Hermigua, en un bar, para preguntar por dónde se va a La Caleta. “Hay que dar la vuelta a la montaña y ahora está peligroso, chicas, pero si queréis ir, es por allí”.

Vero: “Está peligroso”, Mara, han dicho que está peligroso. “Baaaahh… me río en la cara del peligro, ha ha ha, aquí lo que pasa es que la gente tiene muy malos coches” exclama Mara, mientras se aferra a su pequeño Fabia… ahá… su Fabia, coche absolutamente adecuado para las montañas desprendidas…. Vamos a morir, he venido a esta isla a morir.

Mara: Qué acojonada está la Vero, pero ¿por qué? Si es que dicen que está peligroso porque los coches de aquí son una mierda, con este Skoda vamos al fin del mundo. Uy, cuántos desprendimientos. Y las riadas de barro por la carretera… Joder, espero que no me patinen las ruedas. La verdad que acojona un poco… Venga, con cuidadito. Seguro que mola un montón. Tiene que ser un restaurante precioso, por lo que dice todo el mundo. Me encantan las aventurillas así. Ji ji ji.

14:26

Vero y Mara llegan a La Caleta, se bajan del coche en mitad del diluvio y caminan hasta la playa.

Mara: Hostias, que esto es un chiringuito y no hay dónde sentarse… Bueno, al menos no somos las únicas. La Vero no me deja beberme dos Doraditas y mira el alemán ese, que no para de pimplar, ese sí que debería relajarse un poco… Vamos a comer. Uuuyyy, cómo caeee. Piedras y todo rodando para la playa. Madre de Dios. Pero venga, hay que sonreír, que suficiente acojone tiene la Vero encima. Mmmm, muy ricas las croquetas de atún, sí señor.

Vero: Llueve. Mara, llueve. Esto es un chiringuito, no hay nada cerrado, ¿tú sabías que esto era un chiringuito? Ummmm… no. Las mesas de la terraza están inundadas, la única opción es tomar algo en la barra bajo el tejadín del bar…. Mara pide dos Doradas. Mara por dios santo, no bebas que necesito con todas tus facultades a lomos del pequeño Fabia. Al rato Mara pide otras dos Doradas. Va, a tomar por saco, me doy a la muerte Gomera, si he de morir, que sea con unas croquetas de pescado gomero con mojo verde, almogrote y Doradas en mi interior.

15:07

Vero y Mara pasan múltiples obstáculos por la carretera que ha empeorado notablemente con la lluvia torrencial de la última hora… Vero va haciendo fotos de todo alrededor. Es impresionante.

Vero: ¿Empeorado notablemente? Durante la comida no ha parado de llover, caían ríos y ríos de agua arrastrando barro, piedras y ramas de los montes. Lo que antes era una carreterita peligrosa ahora es un camino lleno de barro, piedras y rocas en mitad de todo. Avanzamos un par de kilómetros temerarios rozando la muerte hasta que Mara esquiva un barranco… sumergiendo el pequeño Fabia en una piscina de barro… yeah… ¿hay que escarbar? Pues al barro vamos las dos mozas…

Mara: Qué bien, parece que Vero se ha relajado. Yo voy con mucho cuidado para que no se asuste más, que encima ella va del lado del precipio. Joder, qué miedo da esta parte, voy a meter el coche más padentro de la montañaaaaayyyy. Verooo ¿por qué te bajas del coche? ¿Cómo que vas a hacer más fotos? ¡Que nos hemos quedado atascadas aquí! Ay joder. El plan es sencillo, pero hay que actuar con rapidez. Vamos a cambiar el cauce del río para que no siga bajando barro y enterrando más el coche. Luego escarbamos el lodo alrededor de las ruedas y ya lo tenemos. ¡VAMOS!

15:38

– ¿Tienes algo para ayudarnos a quitar el barro?

– Sí, claro!!

– ¿El palo de la sombrilla? Joder. Ay, encima no me tires el barro encima, perra!

– Lo siento.

– Mara, intenta moverlo otra vez.

– Va.

– Paraaa!!! Huele a quemado!!!

– Mierda. Vamos a seguir escarbando.

– Mara, no lo vamos a sacar…

– Pero no podemos abandonar…

– Llama a una grúa.

– Pero es que sería tan guay que lo sacáramos nosotras solitas!!

– Que llames a asistencia en carretera!!

– ¿Para qué te pones el chaleco reflectante? Si por aquí no pasa nadie.

– Que llames. Vamos dentro del coche.

– No Vero, ¿no ves todas las piedras y el barro que hay aquí? Como caiga una laja grande nos empuja por el precipicio o nos aplasta.

– JODER, no me acojones más. ¿Dónde está la sombrilla? Me estoy calando…

– Pero Vero, no te pongas justo en el cauce, que te puedes morir igual…

17:20

– He visto la grúa subiendo!! Ya vienen!! Grábalo.

– Vale.

– Hola buenas tardes. Creo que lo mejor es que pase por este ladito junto al precipicio y tire del coche para atrás.

– Hola. No sé si cabe el coche por ahí… De todos modos, ¿le importa que intente arrancarlo yo?

– Ehm… (¿Se cree que porque estoy calada, debajo de una sombrilla y me he quedado atascada en el barrizal soy tan retrasada?) Casi le quemo el embrague intentando sacarlo, pero bueno… Como usted vea.

19:27

Vero y Mara llegaban a casa, muertas de frío, tras pasar por un taller para que revisaran daños y perjuicios y sortear numerosos nuevos obstáculos en la carretera del bosque, donde bien podrían haber sido víctimas de un ataque zombie o de la niña de curva.

FIN.

PD: Soy de la Mutua 🙂

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La tormenta perfecta

Dicen que es “la tormenta perfecta“. Lluvia torrencial, vientos de 100 km/hora, rugido de las olas que eriza la piel… Dicen que acaba de empezar. Y mi Vero que llega mañana en el ferry de las 14h. Menuda bienvenida, Gomera, ya te vale.

En fin. Ayer no hizo tan malo. De hecho, fue una tregua en mitad de la tormenta que comenzó el fin de semana y provocó decenas de goteras en casa de Yaron la noche del domingo. Fue divertacongojante. Tal cual. Lo menos divertido era salir al baño para hacer pis. Para los que no lo recordéis, el baño de casa de Yaron está a unos 5 metros del resto de la casa, lo cual viene bien para tirarse un pedo, pero fatal para cuando hace frío fuera y tienes pipí, la verdad. Lo más divertido fue ver las gotitas caer del techo en plan principio de estalactita y buscar los charquitos por la casa, para poner una botella vacía encima. Hoy me han enseñado fotos del hotel de la última tormenta y estaba todo el suelo lleno de cubiteras, macetas y alfombrillas. Quicir, que no es cosa de una casa particular, sino que es una tradición local.

Ayer fuimos a San Sebastián a comprar comida para los perros, para la Vero, a cenar al chino y al cine. Flipad. Menudo planazo. La peli estuvo bastante bien: “El amor se mueve“. El chino no estuvo tan bien. La comida de los perros según lo previsto y la de la Vero… también. A la vuelta, conduciendo por la GM2, entre las nubes, vi la luna llena en lo alto del cielo y los destellos de luz bailando sobre las olas. “¿Te apetece ir a la playa?”. Yaron sonrió. Conduje hasta la playa de En Medio. Nos quedamos mirando el mar y la luna un rato desde la orilla. Como en las elecciones, hay que tener un pre, en plan última reflexión antes de tomar la decisión. Una vez tomada, quedarnos en pelotinguis y empezar a bucear fue casi uno.

Y fue taaaaaaan emocionante, tan divertido. Después de un ratito nadando y buceando, casi tiritando, nos dio la risa floja, no sé bien si del frío, de lo absurdo o de qué. “Podía haber traído las dos toallas que llevo en el coche”. PERO NO. Menuda crack. A los dos minutos se levantó oleaje peligroso (o eso dijo Yaron, que yo sigo sin distinguir lo malo de lo peor…) y me cogió la mano dentro del agua hasta encontrar el momento preciso para salir sin medio morir atragantados, como ya va siendo costumbre en mí.

De camino de vuelta estábamos completamente entregados cantando baladas de Luis Miguel cuando nos paró la Guardia Civil. Yo no daba crédito. ¿Que si veníamos de pasear por la playa? ¿De cuál de todas? ¿La de los cantos rodados tamaño huevo o tamaño pomelo? Estos peninsulares… Aquí no se puede pasear por la playa, señores, se nada o se bucea, pero no “se pasea”, que esto no es Benidorm.

Llegamos a casa con el pollo con almendras todavía sin siquiera empezar a digerir, planchados y sin ganas de dormir. Grrrr.

Hoy todo el día ha estado tronando, las nubes se deslizaban bajas, sobre el mar embravecido, en una especie de semioscuridad gris… y por eso durante todo el día ha resonado en mi cabeza esta canción:

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Un rinconcito encantado

En un mes estaré de vuelta por mis Madriles. Por un lado me apetece regresar, por otro… acojona. Aquí es todo tan tranquilo, tan sencillo, tan natural, que me da miedo sentirme Cocodrilo Dundee en la jungla de asfalto, a pesar de ser indígena urbana.

Ayer fuimos a El Cedro, el bosque, el corazón de la isla. Comimos potaje de berros con gofio y garbanzas con carne fiesta. Luego bajamos por el monte hacia Hermigua: el mar y el norte de Tenerife de fondo, junto a un arroyo, entre árboles frondosos, palmeras y lagartos. Al final del camino había una presa. Junto a la presa, uno de los rincones más hermosos que he visto nunca.

Por un recoveco en la montaña discurría una pequeña cascada sobre las rocas, cubiertas de musgo. Junto al caminito había plantas de ñame con hojas de más de medio metro de largo. Al mirar por encima de la última roca sobre la que se deslizaba el agua, se veía más maleza, algunos mosquitos, y el cielo azul detrás, con el sol brillando en una abertura del ramaje. Se podían ver los rayos de luz bañando la maleza y el arco iris en el perímetro de la esfera del sol, fruto del frescor del aire.

Nos quedamos pasmados, disfrutando de aquel espectáculo de colores y sensaciones un buen rato. Yaron se emocionó. Dice que va a hacer un cuadro, que es uno de los rincones más bonitos que ha conocido en la isla. ¡Ese lugar está encantado!

Regresamos por el mismo camino, montaña arriba, y para recuperar fuerzas nos tomamos un helado antes de volver a Playa Santiago. De vuelta decidimos parar en casa de Hannah, la amiga inglesa de Yaron que también  es pintora. Estuvimos con ella, Lee y la niña dibujándonos retratos los unos a los otros, a la luz de las velas, comiendo papas fritas y bebiendo té de su jardín. Después de muchas, muchas risas y gastar la goma de borrar, bajamos a casa de Yaron a cenar: batido de plátano natural, unas magdalenas de Herrera (las mejores del mundo) y otro té. Luego pusimos música y estuvimos bailando, corriendo y saltando por el salón hasta las mil. Ventajas de vivir en mitad del campo, que no hay que pensar en no molestar a nadie.

Hoy Yaron ha empezado a pintar el cuadro del rinconcito encantado. No creo que pueda plasmar, ni con todos los colores del mundo, toda la magia de aquel momento.

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¡Sonríe!

Personitas que vienen y van, que suben y bajan del tren de nuestras vidas. Personas que llegan, nos besan y se van, dejándonos un sabor dulce en los labios. Gente que viene, nos mira a los ojos, deja caer una bofetada y se marcha. Cuánto aprendemos cada día, cuánto amamos, cuánto reímos. Cuántos motivos para estar agradecidos. Qué suerte.

Elijo a cada una de las personas que hoy abrazo dentro de mi burbuja personal día a día para, a través de ellas, completar el puzzle de mi vida. Qué hermoso irse a dormir cada noche con la sensación de plenitud que produce sentir tanto amor.

Mi madre. Mis amigos. Mis amigas. Mis Amigas. A pesar de la distancia, los lazos caracolean y se mantienen fuertes, a través del teléfono, del whatsapp, del mail o el blog. Incluso a través de las postales.

El martes fue un día para olvidar. Llevaba 8 días seguidos trabajando sin descansar, sin Christina, me dolía muchísimo todo el cuerpo y tenía que trabajar de 9 de la mañana a 7 de la tarde. A las cinco estaba ya hecha polvo. Me llamó el director: “A las 18h tiene usted al grupo para hacer la visita al hotel. Aha, muy bien. ¿Y la cena? ¿No cree que también debería cenar con ellos?”. Me hundí. Me encogí de hombros. Si hay que hacerlo, voy a hacerlo, pero contra la rabia y la impotencia no puedo luchar.

Salí de la oficina un momento y Hari, mi compañera de recepción, me vio la cara y me preguntó si estaba bien. Punto de inflexión. Empezaron a temblarme los labios y exploté en un mar de lágrimas. Me dijo: “Ve al baño, tranquila.” Lo eché todo fuera y volví a mi oficina. Al ratito me llamó Juani desde la recepción. Estaban Hari y ella detrás del mostrador con Andrés, marido de Juani y botones. Me acerqué con los ojos como dos pimientos… “¿Qué pasa?” y los tres se miraron y sacaron un paquete de Maltesers con una nota que decía: “El chocolate sube el ánimo. ¡SONRÍE!”. Qué bonito ¿no?

Fue un día jodido y eterno, pero ese pequeño gesto me dio la vida. No lo olvidaré nunca. He puesto la notita al lado de mi mesa para sonreír, a pesar de que no haya chocolate, en los momentos en los que sienta que las cosas no van todo lo bien que deberían. Muchas gracias. Gracias por tomarme la mano. Gracias por darme una palabra de aliento. Gracias por mirarme y sonreír. Gracias a la vida por darme compañeros como Hari, Juani y Andrés y gracias por todas las personas maravillosas que llegaron a mi vida para quedarse.

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Houston, houston

Christina (equipo PR) vs. Predator, round 1. FIGHT!

– Buenas tardes.

– Buenas tardes.

– ¿Me puedo sentar?

– Claro.

– Tengo un problema. Acabo de llegar y me ha llamado mi tour operador para decirme que mi banco ha devuelto el cargo de mi viaje y que si no tengo dinero para pagarlo, que no me dejan coger el avión para volver a Alemania el domingo.

– Vaya. Bueno, mañana llamamos al banco y al tour operador y seguro que se arregla.

– ¿Y si no? Porque igual no tengo dinero.

– Bueno, pues llamas a tus padres y que te dejen dinero.

– No tengo padres… Bueno… tengo… pero hace muchos años que no tengo contacto con ellos.

– Entonces a algún amigo.

– ¡Tuve una infancia de mierda! ¡Me crié en un orfanato! No tengo amigos.

– ¿Ni familia?

– No.

– ¿Y no trabajas?

– No. Estudio.

– Vaya, bueno, no te preocupes, una solución encontraremos.

– Espero, porque además tengo tendencias suicidas y estas cosas no me ayudan nada ¿sabe?

– Aha. Claro. Normal.

– Y unas heridas en las piernas que tengo que curarme.

– ¿Qué te ha pasado?

– Son heridas abiertas desde que nací.

– Ahm. Vaya.

– Debería llamar a mi psiquiatra.

– Igual es una buena idea.

– Sí, porque también tengo trastorno borderline.

– Pues mañana le llamamos.

– Vale.

– Muy bien.

– Es que si no tengo dinero, tendría que quedarme aquí. Y trabajar. Pero es difícil. A mí me gustaría trabajar en Tenerife. ¡En el Loro Parque! Me encantaría.

– Ya, pero no tienes papeles de trabajo.

– Eso es verdad.

– Mira, igual en Ryanair encuentras un billete barato para volver.

– Sí.

– ¿Tu maleta pesa mucho?

– No he traído maleta.

– Aha. Mira, mañana hablas con mi compañera Mara, que yo me voy de vacaciones, pero no te preocupes, no pueden dejarte tirado, así que mañana ya verás como todo se arregla.

– Vale. Bueno. Me marcho. Mara, mañana vuelvo y lo arreglamos todo. Tschüss!

Y entonces he tragado saliva muy fuerte y he parpadeado todo lo que había ido acumulando en los últimos 10 minutos. Christina me ha soltado 20€ y me ha dicho: “Venga Mara, si no le ayudan, entre todos podemos pagarle el pasaje para volver a casa”. WTF?????????

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Año nuevo, vida renovada

Ayer libré. Mis últimos días de descanso antes de que Christina se vaya de vacaciones. Estuve en el estudio repintando uno de los cuadros de Yaron y luego bajamos a la playa a siestear.

Ela y Camilia vinieron al cabo de un ratito y se pusieron a jugar conmigo al borde del mar. Y cuando digo “conmigo” no me refiero a jugar juntas, sino al uso y disfrute de mi cuerpo como juguete y pasatiempo. Saltaron encima de mi espalda, se tiraron encima de mi tripa, se rebozaron sobre mí, me hicieron trenzas sentadas encima de mi culo… Todo como muy encima. Esto no hubiera tenido mayores consecuencias, de no ser porque la playa no es de arena, sino de cantos rodados. Y sí, obviamente, hoy he amanecido con moratones hasta en el alma.

Me metí en el agua a descansar de tanto resobeteo y sobreexcitación y al salir me estaban esperando las dos, partidas de risa, de pie sobre una piedra grande.

– Te hemos visto las tetas.

– Sí.

– Jijijiji. ¡Son muy gordas!

– Bueno.

– Mi mayor sueño es que todo el mundo sea gordo.

– Aha.

– ¡Pero ahora todos te pueden ver las tetas!

– ¿Y qué? No pasa nada, las tetas son una parte del cuerpo, como las manos, o las piernas, o los hombros…

– ¡Pues enséñanos también el chichi!

– ¿Para qué queréis ver mi chichi, si vosotras ya tenéis uno?

– Ya, pero el nuestro es más pequeño y no tiene pelo.

¿Qué se puede contestar a eso? Pues nada, como buenas amigas nos bajamos un poco el bikini, nos vimos los chichis y marchamos en paz.

Por la tarde subimos a cenar a casa de Yaron y como era “Shaná” (año nuevo judío – el cinco mil y pico por cierto), comimos manzanas con miel, como manda la tradición. A mitad del segundo trozo de manzana llegó el momento estelar de la noche… “Papi, ¿por qué los judíos mataron a Jesús?”. Ahí lo llevas. Yaron empezó a contarles a los niños una película que me vi obligada a cortar y claro, entonces la responsabilidad de aclarar los hechos me tocó a mí. Pfff, en fin, no sé si les quedó muy claro, pero como anécdota estuvo divertida.

Luego preparamos café con unas galleAARGGG!!! Abrí la caja y me encontré un prakan dentro, abrazado a una chiquilín, mirándome fijamente. “Yaron, hay un prakan ahí dentro abrazado a una galleta que me mira”. “¿Vivo o muerto?” “No sé, pero se ha comido la mitad de las galletas”. Yaron utiliza un truco para deshacerse de los prakanes. Los coge en la mano y los lanza muuuy lejos con un grito agudo para que no vuelvan más. Aún así, cada vez que se abre un armario en la cocina se les oye sisear y esconderse detrás de cualquier bote o bolsa. Son adorables a la par que irritantes. Como muchos vecinos humanos de la ciudad.

Hoy he ido a La Villa a cambiar las gomas y me han arreglado un montón de cosas que por lo visto estaban mal. También he lavado el coche. Mis padres estarán aquí en 10 días. Qué nervios. Quiero que todo vaya bien, que vean que aunque vivo en una isla pequeña y hay que estar contento con todo lo que tenemos, no me falta de nada y soy muy, muy, muy feliz.

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